3 Nov 2017
Big Picture

Cómo aprenderán los vehículos autónomos de la movilidad compartida

Coger un coche cuando lo necesitas y dejarlo en tu destino ha supuesto un paso fundamental hacia una nueva forma de entender la movilidad. Ahora los expertos ponen la vista en el que, previsiblemente, será el siguiente: los vehículos autónomos. Sandra Phillips, arquitecta de movilidad compartida y fundadora de movmi, explica la relación entre ambos conceptos.

Sandra, usted sostiene que la movilidad compartida es “precursora” de la conducción autónoma. ¿Por qué?

Considero que ambos conceptos están muy ligados en tres sentidos:

En primer lugar, la movilidad compartida aporta mucha información sobre los patrones de movilidad de los ciudadanos, dónde recogen los vehículos y dónde los dejan.

Este tipo de datos permitirá a los vehículos autónomos aprender y optimizar tanto las redes de transporte autónomo como las rutas para satisfacer su demanda.

Por otra parte, la movilidad compartida ha definido muchos de los procesos que serán necesarios para operar redes de transporte autónomo: el sector tiene una idea muy clara de cómo limpiar, mantener y gestionar los objetos perdidos de los vehículos compartidos, por ejemplo.Esto podría extrapolarse a los vehículos autónomos compartidos.

Por último, la movilidad compartida ha enseñado a la sociedad un nuevo tipo de confianza.

Confiamos en que el usuario anterior haya dejado el espacio compartido en condiciones aceptables, y las prácticas de uso compartido del coche (carpooling) y del transporte privado a particulares (ridesharing) nos enseñan a confiar en otros pasajeros en un espacio mucho más reducido.

La ausencia de conductor en estos nuevos espacios públicos compartidos podría entrañar ciertos peligros rápidamente, por eso será necesario implantar ciertas garantías, como la calificación de la experiencia con los demás pasajeros.

Esto nos obligará a fijarnos en las prácticas recomendadas de la movilidad compartida.

 

¿Cree que los vehículos autónomos serán de propiedad privada o compartidos?

Estoy convencida de que tienen que ser compartidos. Por dos motivos:

Por un lado, la compra de vehículos autónomos estará, al menos en sus inicios, fuera del alcance del ciudadano de a pie. En la actualidad, el mejor sensor puede llegar a costar 75.000 $ y va a tener que pasar mucho tiempo antes de que los consumidores puedan permitirse unos sensores de una calidad similar.

Por otro lado, creo que el sector está abocado a hacerlos compartidos porque, de lo contrario, el tráfico se intensificaría y su introducción en las calles no aportaría nada nuevo. Vendría a ser una nueva tecnología que sí, está muy bien, pero con una utilidad nula.

También por eso considero que, hasta cierto punto, la administración pública debería participar en la gestión de estas redes de vehículos autónomos compartidos, porque así se aseguran de que todas las zonas de la ciudad están comunicadas y de que el transporte público está a disposición y al alcance de todo el mundo.

 

¿Hay alguna forma de asegurar una calidad de servicio adecuada con los vehículos autónomos?

Más allá de calificar a los pasajeros, la única forma de hacerlo será saber que el servicio es de fiar. Esto se puede lograr ampliando los modelos a la carta para incluir opciones por suscripción o por reserva.

De esa manera te aseguras de que hay cierto tipo de vehículos cuando lo necesitas y ahí es donde el vehículo autónomo se convierte en la opción óptima, tanto para desplazarte por los núcleos urbanos como para acceder a ellos desde un nodo de transporte.

 

¿Cómo combinar el transporte público y los vehículos autónomos?

El transporte público tiene su sitio y los vehículos autónomos vendrán a complementarlo en el futuro. A diferencia de las redes de transporte público, que cuentan con unos horarios fijos, los vehículos autónomos estarán disponibles en todo momento.

Por otro lado, el uso de vehículos autónomos vendrá en todas las formas y tamaños: es decir, que puede que nuestra idea de “coche” o “autobús” cambie.

Creo que tendremos la posibilidad de elegir el tipo de vehículo que más nos convenga: una furgoneta para llevar a todos los niños del barrio al colegio o un coche pequeño para ir con un compañero de trabajo a la oficina, pero también autobuses o trenes que funcionarán sin conductor.

 

¿Hay alguna consideración que deba tenerse en cuenta a la hora de diseñar un plan de movilidad para las redes de transporte autónomo?

Deben tenerse en cuenta dos grandes problemas:

Sin un conductor, nos arriesgamos a despersonalizar aún más las ciudades, pues el usuario ya no necesita preguntar cuál es la próxima parada ni pedir al vecino que le acerque a algún lado. Puede que la gente prefiera no hablarse.

Esto es un motivo de preocupación, porque se ha observado que las sociedades más incomunicadas son caldo de cultivo para ciertas enfermedades, como la depresión. Tenemos que asegurarnos de que estos nuevos sistemas utilicen tecnologías que fomenten la comunicación social.

Además, el sector tendrá que encontrar la forma de motivar a la gente para que trate estos espacios públicos con respeto para no incomodar a la persona que tiene al lado.

Los servicios de movilidad compartida siguen batallando contra este problema, aún sin resolver. En este sentido, con las redes de vehículos autónomos compartidos tenemos que ser más cuidadosos si cabe.

 

¡Gracias, Sandra!

 

¿Y tú qué opinas? ¿Cómo podemos conseguir que la gente trate los vehículos compartidos con respeto para que todo el mundo pueda disfrutar de ellos?